viernes, 29 de diciembre de 2006

Significa que estoy demente

Una vez más
al final de la escalera
los peldaños,
polvo uno a uno,
a veces dubitantes
a veces inafligibles
como yo
que ha quedado entonces
sino el camino?
El sabor de la tierra,
el aroma a flores,
la fresca mano de ayuda,
el hielo de las miradas,
la verguenza de los errores,
el eco de las voces
duras y quebradas.

La marcha del caminante
trae un perfume
de ayer,
de hombres,
de ideas plasmadas
en sesudas confesiones
al pie del nuevo mundo,
camino viejo de aquel
y nuevo de este,
con agregados vetustos
de un futuro surreal,
delicado y falible
que nunca fenece
empero cambia,
se entrega a este
gitano de sombras
con ansias luz
y ha de avanzar;
la muerte lo guia,
la vida lo distrae
y el amor...
y el amor?
¡quien sabe!

Son espacios incognoscibles
en la vida del caminante,
agujeros negros,
tiempo suspendido y nublado
ante quien mira y analiza.
El secreto mejor guardado
en la indescifrable
caja negra de lo trascendente.

Lo cierto es
que siempre esta
y altera
las mediciones,
los inicios y finales,
las miradas y la velocidad,
colorea el cielo
y solo se ve...
Si, principe, asi es.

El consciente vacila,
ante todos demora,
entre ellos hay un tiempo aparte
que en efecto
traduce años luz.
Pero quien lo sabra;
es la pregunta a diario
y es el reto,
la esperanza,
la aventura delicada
que paralelamente
llevan aquellos.


Tratando han caido
en el olvido: vacio
sin ojos del alma
y como duele
¡ay mas que la muerte!

Y aun ahi
el anhelo no cesa,
la lucidez mas viva que nunca
parece cantar eternamente
la melodia incompleta,
soledad que no le da paz,
soledad que no me da paz.